Hay un dicho jamaicano: «Si no pica, no está rico». Si bien esto aplica a muchos aspectos de la vida isleña, en ningún otro lugar es más cierto que en la cocina. La cocina jamaiquina no solo te calienta, sino que te desafía, te pone a prueba y, si logras controlarla, transforma por completo tu comprensión de la comida.
